LA SENDA
Con los ojos del alma
se divisan parajes
llenos de magia.
Cantan las fuentes
el nacimiento del agua,
tesoro líquido del sediento
en la fuerte luz
de la mañana.
Con las manos alzadas
se toca el lucero del alba,
siendo las musas
las que bailan lienzos
de tinta dorada.
Describen ritmos
de historias pasadas,
marcando el paso
de la tamborilada,
que es fábula y folklore
la mezcolanza que hace
falta.
Reinventemos en cada caída
con o sin agravio
conformada.
Rehagamos la compostura
de manos bien trabajadas.
Pongamos estrellas
y flores
en lugar de cardos y espinas.
Qué la sangre no brote,
cerremos la herida.
Sellemos el enojo,
demos paso a la vida.
Claudia Ballester Grifo

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