viernes, 29 de noviembre de 2019

SOLO.
La lamparilla del comedor se reflejaba en el frío esmerilado de la ventana.
La calle se mostraba muda, refulgían las luces de Navidad sobre el asfalto vacío.
La avenida se deslizaba recta hasta entrar por la puerta del cementerio.
Solo era uno más entre los raros de las callejuelas del mundo. Una persona pequeñita, enjuta, de hombros buscando monedas y mirada escurridiza.
Sentado, acoplado en su sillón amigo. Acompañado por un libro de susurro y recogido. Crepitaba la leña a su izquierda y la llama formaba imágenes que danzaban por la estancia,creando esa maravillosa intimidad que queda, cuando huyes de la gente que te acobarda.
La chica corría por la avenida sola y horrorizada. Una manada de depredadores la perseguía. Lobos que aullaban atormentando las salidas de su alma. Hombres de la noche que olían su frescura y juventud.
El solitario lector se acercó a la ventana. Estaban sobre ella. Le habían dado caza. Muy cerca del cementerio, entre cipreses y maleza. En la fría oscuridad,
en el frío de la muerte, en la callada por respuesta.
Azarado primero, horrorizado después,
Coge el móvil y marca el número de emergencias.
-¿Diga?
-¡¡¡Por favor!!! Están violando a una mujer.
¡¡¡Corran!!!
-¿Diga?
-¿No me oye? ¡Dense prisa!
Un sudor frío recorrió su cuerpo. La ventana le devolvió su imagen. Un cuerpo yacía sobre el sillón, su libro en el suelo.
RING, RING,RING...
Claudia Ballester Grifo

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