CALOR DE LEÑA.
Con la cara alta. El cuerpo derecho o lo que se pueda. La mirada abierta y la mente clara y con expectativas.
Adelante, siempre adelante y obviando las miradas lánguidas, estupefactas y las mentes cuadradas.
El frío ha venido para quedarse. Se instala en los huesos poco densos y en las bisagras oxidadas de las articulaciones. Tiempo de mantita y sofá, pero no para todos. Justo a los que más nos cuesta el movimiento somos los que más debemos pelear por seguir en la marcha. El que se descuelgue y caiga en la tentación de acomodarse y apiadarse de él mismo quedará en tierra de nadie.
Tiempo de castañas asadas, frutos secos, clementinas, dátiles y chocolate. Tiempo de ilusión, lotería de Navidad y cartas a los Magos, cada día más Magos.
Tiempo de reunirse en familia, los amigos y los que viven lejos. Llamadas, noticias, notas, color y luz en el día cada vez más corto.
Besos a la madurez de los padres y a las canas de los abuelos. Refuerzo de abrazo en los hermanos, noches de luz roja para los amantes. Amor es la palabra para noviembre, diciembre y enero. En los meses restantes recibiremos la flecha constante de un corazón palpitante, aprendiz de lo que hubiere el trimestre anterior.
Amigos todos, pollitos, como yo, de pluma fina, pillar un buen abrigo y que Dios os bendiga y,si no, que cada uno se apañe con su ángel de la guarda que no es poco.
Claudia Ballester Grifo

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