AYUDA.
En la hojarasca amontonada
del otoño,
se encontraba el gorrión caido
del nido.
La patita quebrada,
el piar muy bajo por
miedo a llamar al enemigo.
Tapadito por el manto
del olvido.
Caliente y provisto de la
muda del que se prepara
para el frío.
Pocas expectativas para
un movimiento tan reducido.
Con la ventisca y el granizo
poco va a durar un refugio
tan fortuito.
Una hembra cálida y resuelta,
al escuchar su trino,
llega en nebulosa cierta
a auxiliar al desvalido.
Dia tras día le alimenta
con su pico.
Besos y mimos que alegran
al disminuido.
Miradas de soslayo,
espera descarnada al vacío.
En cada llamada acudía
el auxilio.
El piar abrazaba la atención
de la que día a día
entendía su anhelo.
Ya con la salud recobrada
y su plumaje de cera rico,
extendiendo sus alas
y con una rosa en el pico
regala a su amada
un amor infinito.
Los gorriones cruzan
el cielo y buscan su nido.
Un corazón de flores
sirve de base para un hogar
aderezado con el sentimiento
del apoyo y la ayuda
que, sin conocerse,
el amor formó la cuna
del devenir firmado
con buena rúbrica.
Claudia Ballester Grifo
Ilustración Anna Navarro.

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