domingo, 10 de noviembre de 2019

EL ASCENSOR.
Cansada,con ganas de echarme de cabeza al sofá, piernas para arriba y descansar del recorrido matinal.
La cara amable del pan, la conversación con la carne y la siempre agradecida disponibilidad de fruta y verdura.
Suspirando, apoyada en el carro de la compra pulsé el botón de llamada del ascensor.
Desde dentro, con la mente hilvanando mil pensamientos, el dedo marca automáticamente el tercero.
PUM, en seco se para el ascensor. No és normal, demasiado pronto.
Miro hacia arriba. Se apaga la luz. Me siento vulnerable. Estoy cansada. Aprieto la alarma y nada. Cojo el móvil y llamo a la central.
Les apremio. Soy minusválida. No puedo estar derecha y tampoco sentarme en el suelo porque no me doblan las rodillas. Estoy fatal y muy angustiada.
En dos minutos escucho al técnico aporrear la puerta del portal. Tengo el whatssap de la comunidad, me he puesto en contacto con los vecinos y no hay nadie en la finca
El técnico, me llama. Noto su desesperación. No puede entrar. Nadie le abre.
Llamo a mi hermana, a mi hermano, a mi marido.
Mi madre está de viaje y se ha llevado las llaves que tiene de mi casa con ella. Las lleva en su llavero.
Mi hermano y hermana van a su casa a buscar por si acaso. No las encuentran. Y tanto!!! Como que se las ha llevado.
Se juntan en la puerta con el técnico. Tres desesperados y yo loca de dolor.
Oigo como abren. Suben las escaleras, se abre la puerta y yo, tirada sobre el carro, sollozo ante el auxilio.
Me he quedado entre el primero y el segundo. El escalón es alto. Me quedo perpleja. No sé si puedo estirar la pierna sin dislocar la cadera o romper la rodilla. Tengo que salir. Me animo y antes de poner la pierna en el escalón, mi salvador me iza con todas sus fuerzas y buen hacer.
Me abrazo a él y lloro mientras balbuceo palabras de agradecimiento.
El vecino que llegó para abrir la puerta me mira. Se cruza nuestra mirada y nos entendemos. Él también es minusválido.
Oigo un golpe fuerte en la calle. Un coche contra un camión. Me quedo sentada en la escalera mientras mis hermanos corren a ver lo que ocurre. Pasa el tiempo, estoy sola. Pasa el tiempo y un escalofrío recorre mi cuerpo. Tengo que llamar a mi marido. No és necesario que llegue, ya estoy libre. Marco, suena el teléfono. Suena, suena, pero nadie contesta...
Claudia Ballester Grifo

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