lunes, 25 de noviembre de 2019

LA CAÑERÍA.
-¿Oiga?
Soy el fontanero del seguro. Hemos quedado a las 17h, pero he acabado antes.
Estoy en el portal de su casa.
Un ruido constante y vibrante resonaba en la casa. Venía del cuarto. Subo las escaleras del dúplex para intentar descubrir la procedencia del misterio.
Pongo la mano en el techo de la escalera. El ruido cede y empieza a salir agua a borbotones.
Mi hija coge una palangana para recibir el agua del reventón de la tubería.
Corro a pedir auxilio. Viene la vecina del cuarto, su marido y Juan del cuarto C.
La rotura es de mi tubería. Cierro el paso del agua y se hace la calma.
Me aconsejan llamar al seguro. Despido a mis vecinos agradecida.
En media hora tenía al fontanero en casa.
- Sí, claro suba.
Mi hija me dice adiós. Se va a la academia. Le digo que venga directa a casa cuando acabe para ayudarme.
El fontanero es un hombre rudo, parco en palabras. Le enseño el desastre.
La pared había cedido y se veían dos agujeros en la talla.
Empieza a picar tras proteger la barandilla de madera de la escalera. Le dejo solo mientras me pongo a hacer bicicleta estática y me sumerjo en la lectura de un libro digital.
Metida en el cruce de personajes de la historia, intentando comprender cómo se interconectan las mentes de los protagonistas alucino de...
Noto un golpe fuerte en la nuca. Me envuelve una oscuridad cada vez más profunda. Mientras me alejo en la nada mi último pensamiento es para mi hija de 13 años que está a punto de abrir con sus llaves la puerta de casa.
Claudia Ballester Grifo

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