SIN OXÍGENO.
Encorsetado su sueño. Con la rigidez de no poder mover ningún miembro. En gélido susto de permanecer atrapada en el hueco de un lago helado. Cárcel del alma, sin escapatoria ni oxígeno que hacerse llegar a los pulmones.
En el paroxismo de la pesadilla, sin poder activar los resortes de alarma, sin el aliento de despertar y acabar con el tormento.
El pulso se acelera y el sudor perlado enfría el rostro. Convulsiona el sueño, se estremece el cuerpo y en una arcada de supervivencia, se arrastra el cuerpo y sale de la caverna.
Recupera el aliento, de rosa se tiznan las mejillas, alarga la mano y busca a su lado el amor de su vida.
Toca el hielo, las lágrimas asolan su faz entera. Ha muerto su chico sacándola de la trampa que atenaza su vida. Se tiró de cabeza arrancándola de su pesadilla.
La empujó a la vida y en un último esfuerzo la dejó en seco y en su cama tibia. Él se quedó en lo más hondo de la pesadilla.
Claudia Ballester Grifo

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