Recogido el pelo como sarmiento secado al viento,
perfilando los besos salados de un sol intenso,
abrasada la piel, encogido el pecho,
abrazado a la espalda el sueño de un bebé tierno,
hambre de vida, fuerza, lucha y tiempo.
Amapola abriéndose, apenas una mujer siendo madre,
jornalera bostezando al día,
desmadejada al llegar la tarde,
mirada al cielo de manos juntas,
descalabrada su figura en el jergón de su noche.
Cansinos sus pasos, huellas en el calendario,
marcando de rojos sin libranza ninguna;
mujer del pueblo, aldea cabizbaja de aleros rotos,
de sueños llorando los callos vencidos.
Bella princesa de noches ardientes,
dispuesta la seda de su alma de madre,
afectuosa esposa, complaciente siempre.
Jornalera de casa y del campo,
sonrisa de agua fresca lavando la ropa en el río,
picadas sus ganas,
irritado el amor en su mirar al precipicio.
Claudia Ballester Grifo

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