Soy una niña con las trenzas al viento, camisola de lino blanco, rodillas de presagio y cuento.
Soy pies descalzos abrazando una rosa,
soy pura melodía
llorando la picada de abeja en el humo de un escarnio.
Soy una herida que cura con la paciencia de la sangre visitando la cuna del beneplácito,
mar de sueño, balada de sus olas lamiendo mi encanto.
Soy ese sueño húmedo en una noche de verano,
palomitas en un cine de calle,
abrazados en un coche de barrio.
Sencillez de frescura, chirriando un grillo sus amoríos de flauta y órgano,
olor de césped recién cortado.
Nada, no soy nada si miras para otro lado.
Nada, nadando en un océano de miedo y fracaso.
Te busco, braceo y me sumerjo en tu sol, caricia de mi sentir más profundo;
te amo... Se desliza la palabra como el camisón entregado.
Lloro como la tierra recibe el agua,
abrasado su cuerpo,
esparciendo amapolas las grietas de sus labios,
la piel estresada;
me rio cogiendo tus manos,
besando las alas de mi sentir libre,
sobrevolando el cañón de tus ansias,
pozo oscuro de mi pecado.
Claudia Ballester Grifo

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