La luna me guiña su lunar de plata escuchando mis letras escarlatas.
La luna arropa mis noches de vela
susurrando estrellas de océanos y playas.
La luna, confidente en el balcón,
ventana de mi intimidad
mirar de mi casa;
arrulla mis silencios cantando una melodía de tiempo y bonanza.
No te quiere mi niña,
no te mira mientras te habla,
son turbias las aguas de su oscura mirada;
sus horizontes escoran tus ansias
de abrazo matutino,
calor del sol agazapado besando
la mañana.
Sangra la piel que acaricia la noche,
esa sábana que quedó arrugada
de mieles y desgaste,
de sueños palpitando la marejada.
Tu boca recorriendo mi mejilla,
mi cuello... Dibujando manos amadas,
acariciando mi tormento,
sentir de tu pasión y prestancia.
La luna me retiene
en su castillo de hielo,
en el llanto de su mirada;
me lanza su velo de vida y
esperanza.
Mira mi niña, la noche plácida,
son los luceros avecillas que elevan
la luz de tu mirada.
Quédate conmigo,
hechizo de luna clara,
disfruta de mi cariño,
rizo de mi cabello de melena
blanca.
Me atrapa la luna con su fragua
de hechizo y magia,
permanezco cautiva
de su saber y labia.
Adiós mi amado, se difumina el aroma que te llama,
mira el cielo en la noche
que te reclama.
Y tú miras la luna,
su cara de niña amada,
mueres por el azul de su profunda mirada,
te adentras en el mar de tus abrazos y encuentros,
sintiendo el ser de dulces besos,
adentrándote en las olas
que te elevan buscando su cielo.
Claudia Ballester Grifo
La luna me guiña su lunar de plata escuchando mis letras escarlatas.
La luna arropa mis noches de vela
susurrando estrellas de océanos y playas.
La luna, confidente en el balcón,
ventana de mi intimidad
mirar de mi casa;
arrulla mis silencios cantando una melodía de tiempo y bonanza.
No te quiere mi niña,
no te mira mientras te habla,
son turbias las aguas de su oscura mirada;
sus horizontes escoran tus ansias
de abrazo matutino,
calor del sol agazapado besando
la mañana.
Sangra la piel que acaricia la noche,
esa sábana que quedó arrugada
de mieles y desgaste,
de sueños palpitando la marejada.
Tu boca recorriendo mi mejilla,
mi cuello... Dibujando manos amadas,
acariciando mi tormento,
sentir de tu pasión y prestancia.
La luna me retiene
en su castillo de hielo,
en el llanto de su mirada;
me lanza su velo de vida y
esperanza.
Mira mi niña, la noche plácida,
son los luceros avecillas que elevan
la luz de tu mirada.
Quédate conmigo,
hechizo de luna clara,
disfruta de mi cariño,
rizo de mi cabello de melena
blanca.
Me atrapa la luna con su fragua
de hechizo y magia,
permanezco cautiva
de su saber y labia.
Adiós mi amado, se difumina el aroma que te llama,
mira el cielo en la noche
que te reclama.
Y tú miras la luna,
su cara de niña amada,
mueres por el azul de su profunda mirada,
te adentras en el mar de tus abrazos y encuentros,
sintiendo el ser de dulces besos,
adentrándote en las olas
que te elevan buscando su cielo.
Claudia Ballester Grifo

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