sábado, 22 de mayo de 2021

LA LUNA DE MELENA BLANCA


La luna me guiña su lunar de plata escuchando mis letras escarlatas. 

La luna arropa mis noches de vela

susurrando estrellas de océanos y playas. 

La luna, confidente en el balcón,

ventana de mi intimidad 

mirar de mi casa;

arrulla mis silencios cantando una melodía de tiempo y bonanza. 


No te quiere mi niña, 

no te mira mientras te habla, 

son turbias las aguas de su oscura mirada;

sus horizontes escoran tus ansias

de abrazo matutino,

calor del sol agazapado besando 

la mañana. 


Sangra la piel que acaricia la noche,

esa sábana que quedó arrugada

de mieles y desgaste,

de sueños palpitando la marejada. 

Tu boca recorriendo mi mejilla,

mi cuello... Dibujando manos amadas, 

acariciando mi tormento,

sentir de tu pasión y prestancia. 


La luna me retiene 

en su castillo de hielo,

en el llanto de su mirada;

me lanza su velo de vida y 

esperanza. 

Mira mi niña, la noche plácida,

son los luceros avecillas que elevan 

la luz de tu mirada. 

Quédate conmigo,

hechizo de luna clara, 

disfruta de mi cariño,

rizo de mi cabello de melena 

blanca. 


Me atrapa la luna con su fragua 

de hechizo y magia, 

permanezco cautiva

de su saber y labia.

Adiós mi amado, se difumina el aroma que te llama,

mira el cielo en la noche 

que te reclama. 


Y tú miras la luna, 

su cara de niña amada, 

mueres por el azul de su profunda mirada, 

te adentras en el mar de tus abrazos y encuentros, 

sintiendo el ser de dulces besos,

adentrándote en las olas 

que te elevan buscando su cielo. 


Claudia Ballester Grifo


La luna me guiña su lunar de plata escuchando mis letras escarlatas. 

La luna arropa mis noches de vela

susurrando estrellas de océanos y playas. 

La luna, confidente en el balcón,

ventana de mi intimidad 

mirar de mi casa;

arrulla mis silencios cantando una melodía de tiempo y bonanza. 


No te quiere mi niña, 

no te mira mientras te habla, 

son turbias las aguas de su oscura mirada;

sus horizontes escoran tus ansias

de abrazo matutino,

calor del sol agazapado besando 

la mañana. 


Sangra la piel que acaricia la noche,

esa sábana que quedó arrugada

de mieles y desgaste,

de sueños palpitando la marejada. 

Tu boca recorriendo mi mejilla,

mi cuello... Dibujando manos amadas, 

acariciando mi tormento,

sentir de tu pasión y prestancia. 


La luna me retiene 

en su castillo de hielo,

en el llanto de su mirada;

me lanza su velo de vida y 

esperanza. 

Mira mi niña, la noche plácida,

son los luceros avecillas que elevan 

la luz de tu mirada. 

Quédate conmigo,

hechizo de luna clara, 

disfruta de mi cariño,

rizo de mi cabello de melena 

blanca. 


Me atrapa la luna con su fragua 

de hechizo y magia, 

permanezco cautiva

de su saber y labia.

Adiós mi amado, se difumina el aroma que te llama,

mira el cielo en la noche 

que te reclama. 


Y tú miras la luna, 

su cara de niña amada, 

mueres por el azul de su profunda mirada, 

te adentras en el mar de tus abrazos y encuentros, 

sintiendo el ser de dulces besos,

adentrándote en las olas 

que te elevan buscando su cielo. 


Claudia Ballester Grifo


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