Suspiré en la noche mi diálogo con la luna,
plateando su escarcha de ninfa perdida.
Acariciaba su halo de custodia nocturna,
bañando mis lágrimas sus manos divinas.
Pañuelo de encuentro en la noche temprana,
las calles desiertas oliendo a galán de noche,
escuchando el silencio,
absorta en el estéril zumbido de mi pensamiento,
abrazada a tu susurro,
a tu aliento en la despedida,
ritual de sueño y derroche
Vamos te digo,
relámpago de luz en la abulia del tedio;
vamos, mi vida
te cuento una historia de vida,
un cuento.
Desplazo mis versos por tu frente aterida,
cálida palabra que come tu frío y te abriga.
Vamos, mi niño...
Y tú vienes pegadito a mi dicha.
La luna nos mira,
abrazadas las almas, sube la calentura,
dos llamas de vela,
entusiasta penumbra
de cera y fuego,
de luz y vida...
la luna baja sus ojos, doncella madura,
sabe de fulgores, romances de baño en sus rayos de poesía.
Goza mi sueño, pura fantasía,
acaricias mi cuerpo con delicadeza absoluta,
hilos dorados de besos y ternura,
abrazando esa intimidad que la sombra prodiga.
Juntos en ese conjuro de delicia y deseo,
inventando la lascivia,
dibujando el fuego, fundiendo el caramelo,
saboreando un tiempo que es nuestro.
La luna vela sus ojos, no mira.
Claudia Ballester Grifo

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