Tecleando las sílabas del tiempo,
mirando tu cielo y el mío,
sentada en el ritmo de tus cadencias,
bebiendo el fluir del romanticismo.
Subida en la cola del piano,
inmortalizando un segundo,
perdida en la laguna del negro,
de esa sombra de musgo y olvido.
Tersura de seda en el sueño sin portal de espacio ni siglo,
solo palabras, imán de nuestro destino;
deslizar de tus dedos,
suave terciopelo de nuestro idilio.
Levantas la fuente de mis delirios,
me ofreces la rosa,
absorbo su aroma y tu vicio,
esa forma de mirarme,
esos silencios compartidos,
apretadas mis carnes,
acaricio la distancia de un beso...
un beso tuyo y mío.
Y dime, sol bruñendo mi intención y designio,
¿qué duelo dejas en tu almohada?,
que mojada la deja el rocio;
que dulce la aurora la mira,
que trae la sábana a ventear mi balcón florecido.
Y dime, lucero...
¿Qué sueñas conmigo?
Si miro tu nombre y el río me trae un escalofrío,
que hasta mí llega la flor, la risa y el suspiro
de tu noche blanca,
de mi velo negro esperando
tu auxilio.
Claudia Ballester Grifo

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