Ella salía de noches enfrascada en los lamentos,
curas y vendas de un joven de rueda quemada,
de la pérdida de un miembro.
Ella escuchaba su agonía,
despertó sin su pierna,
nadie se lo había dicho;
gigoló de vida licenciosa,
desesperado por el favor perdido,
¡qué iba a ser de su vida!
sin pan ni vino.
Ella le curó en silencio,
acariciando apenas con sus dedos,
muy despacito,
él se lamentaba y se agitaba,
ella alentaba un suspiro,
el tiempo detenido,
la venda demorándose un poquito.
Ella salía de noches vestida de gritos,
de miedo y ausencias,
de enfermedad e infortunio,
su sombra la alentaba
guiando su recorrido,
de su mano la acompañaba
el espíritu de un joven...
Uno entre tantos que encontraba
en su camino.
Claudia Ballester Grifo

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