Me muevo en la inconsistencia del suspiro de la brisa acariciando mi nostalgia,
sembrando vientos de algodón que pululan en la distancia,
abrazando valles de fertil verde y aromas de lavanda.
Te miro en tu lecho de algodón y nácar,
cerrados tus ojos,
desprotegido tu desvelo,
soñando una musa de rosada carne,
manos de incienso.
Me acerco con la danza de mil velos,
silenciosa y recelosa
cascabeles mudos de llamada licenciosa,
tintineando pulseras abrazando mis muñecas,
carmesí de besos tatuados
vistiendo tu piel de mi esencia.
No lo sabes, pero me abrazo a tu descanso
palpito con el respirar de tu inocencia y recato,
acariciando cada sueño que conforma el collar de mi abecedario,
sintiéndome tuya en cada gemido que provoco en tus encantos.
No lo sabes,
viviendo en tu castillo con foso de cocodrilos
impidiendo el paso.
Nada, nada impide el acceso al amor que batalla por sus foros,
son los cocodrilos amigos para mí arrebato,
en sus ojos vidriosos persignan las horas brujas,
el acercamiento a tu cuerpo idolatrado.
Tal vez abras los ojos y me encuentres a tu lado.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario