Blancas paredes desconchadas y batracias de humedades quejumbrosas,
levedad en el gemido de las rosas amarillas
de pétalos de loto.
Las justas de tus medidas cortando el aliento,
Vendada de pies y manos,
hermosa niña de almendro y flor de cerezo en llanto.
Cuando sentía no poder más
de amor y encanto,
llegaste a mi alma
besando el sentir materno
de nubes golosas
acariciando la ternura de mi dulce canto.
Te vi un dia de julio,
arrugadita peladilla de cansancio,
te empujaron a mis brazos
despertando de la somnolencia
de tantos grados.
Abriste tus ojos,
belleza arrolladora,
pulso de mi amor pululando;
te abracé en mi seno,
querubín, hija mía...
Mi bello relato.
El cielo desgarra sus rayos,
sonríe el sol trinos lejanos,
velos de una China rutilante,
grandes espacios de verde,
azul y espacio.
Me dio dos hijas,
dos muñecas de seda y encanto,
la locura de mi vida,
las gracias de mi verso
animado.
Claudia Ballester Grifo

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