Cuando mi alma vuele indagando la luz de la fuente
se eleve inmensa, libre, rutilante ;
plena de alborozo para ir a buscarte,
te hallaré plasmando tinta de oro en el latido plano de mi corazón falleciente,
ageno a mi cuerpo inerte, desmadejado ya del terrenal presente.
Cuando caigan las cadenas y las flores abran sus pétalos para acariciarte,
bailará tu pluma con la sonrisa de mi energía expuesta,
te abrazaré con fuerza
exprimiendo de tu latido las mejores letras,
seremos uno y con el manto de tu poesía me arrebujaré en el sentir del hechizo de nuestra propuesta.
Cuando me desprenda del deseo de la carne,
seré beso en tu boca ardiente,
alborozo en tu ánimo,
miel en tu piel de leche,
mar donde te bañes,
colina donde te recuestes,
almohada rozando tus sueños,
mano que no te suelte.
Cuando las aguas del río de tus ojos
bajen caudalosas asolando el valle de tu enojo,
seré ola agradecida lamiendo tus abrojos,
te arrastraré a la calma del océano
de nuestros versos,
perdiéndonos en el horizonte del arrullo de mi aliento eterno.
Claudia Ballester Grifo

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