Anoche emergí del mar sedienta, anonadada,
con la bruma protegiendo mi desnudez,
largos rizos cubriendo las aureolas de mi pasión en rojo encendidas;
te buscaba, acudía a tu cita.
La luna rielaba sus fantasías,
expectante al encuentro de un poeta invocando a su musa,
sabedora de un romance de
olas muriendo de amor en la orilla.
Te divisé parado en la playa,
mirada profunda de intensidad diamantina,
clavando tu virilidad en mi sensibilidad femenina.
Corrí... Al salto me alcanzaste
fundiéndonos en sal, en arrullo, en vida.
Rodando por la arena,
desprendiendo la piel de tu camisa,
anhelando ese roce de tu seda con la mía,
disfrutando de las risas
de unos cuerpos que se gustan,
se desean, se aman
sin tiempo ni cordura,
ansiando la flor de su aroma de fantasía.
Mi boca ardiente te recorría,
manos azarosas,
resbalando nuestros templos de versos y aleluyas,
susurrando azules en el abierto cielo
de nuestra delicia,
siendo verso para tu poesía.
Me pedías más,
yo deseaba ser tuya,
compartí el rugir de mis olas,
la exquisitez de un mar de rosas,
el empuje de las ondas
vibrando en una calma reposada,
descubriendo el sentir de la amapola
galopando al viento en el fulgurar
de tu pasión abrazada
a mi devoción por volar en tu luz cegadora.
Claudia Ballester Grifo

No hay comentarios:
Publicar un comentario