Anoche pacté con la luna,
esa hechicera de grises ojos y lánguida atmósfera de irrealidad infinita.
Acaricié con mi mano su luz celestina
susurré mi ruego con el palpitar de mi pecho
deshojando margaritas.
Anoche te encontré en mi cama,
acaricié tu piel desnuda,
bebí de tus labios fuego y vida,
tú... Sonreías.
Fulguraba el alabastro de tu seda
como lirio despertando en la penumbra,
fresca al contacto,
magma ardiente subiendo la temperatura.
Tu mirada y la mía,
choque de pasiones en un lago de profunda noche,
sin mediar palabra ninguna,
ansia de nuestro roce,
dialogando nuestros cuerpos
prosa y rima,
acuciante necesidad
galopando en la calma de una intimidad madura.
Anoche la luna me dejó ser tuya.
Acariciaste mi pecho con suave melodía
respondiendo mi libido con entusiasta algarabía,
abriendo mis alas un abanico de sensaciones
dibujando colores de mil fantasías.
Al cenit de nuestro sueño,
al ritmo de nuestra locura,
sintiendo el mar y el cielo,
verseando estrellas en nuestro viaje a las alturas;
mi boca en tu boca exhalando
"te amo" en el desvarío de cada envestida.
Claudia Ballester Grifo

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