martes, 30 de julio de 2019

A mi marido


A mi marido.

Cariño mío, te veo en el espejo, en las sombras, en el agua.
Te veo en cada  lágrima que resbala por mi rostro al sentir la intensidad de tu  mirada. Noto la vulnerabilidad en tu ansia de protegerme y de aislarme de la fatiga diaria. Siento tu cansancio de
13 h de trabajo trasnochado, ese olor de almendra amarga que abraza mi amor a tu ropa de trabajo manchada.
Cariño mío, amo ese semblante de alma preocupada, ese cejo nunca fruncido, esa sonrisa de labios grandes y carnosos que besan más que hablan. Amo tus manos fuertes y bien labradas cuyo calor han calmado siempre mis horas bajas.
Cariño mío, tú y tus canas. Esa madurez que reflejas y sobre la que salta el niño que se niega a despegar de tus aldas. Ese joven del que me enamoré un 28 de diciembre, bendita inocentada! Ese hombre que me enamora dia a dia por todo y por nada. Ese hombre que es mi vida y sin ti no hay nada. Esa inteligencia que pocos entienden, pero que a mi me dejó fascinada. Hombre bueno con sus miserias que yo arropo en la cama. Abrazados entre las sábanas, unidos en almohada, sin nada que nos separe y mucho por lo que enlazados y agradecidos nos resguarda. Un abrazo de amor que nos lleva a la calma, nos conduce en el sueño y hace volar nuestras almas. Vuelan juntas y se aúnan en el espacio, se disuelven en la nada para volver a aparecer en el despertar cada mañana, cuando en el desayuno se relame el amor renacido cada dia, en la madrugada.
Siempre tuya, cariño mío.

Claudia Ballester Grifo.

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