Si cierras los ojos y puedes escuchar la voz del silencio. Si agudizas los sentidos y te dejas embargar por el canto de las chicharras. Los gorriones amenizan con sus trinos y piano esperan los poyuelos en su nido.
Si al abrirlos chocas con la imagen nítida del mar calmo y tibio de siesta bruñido. Si cincela la piscina su azul pulido y el cielo respira un color puro. Si tirada en la tumbona de la vida, hoy no es un día de brío, súmete en la laxitud y disfruta de la paz que acompaña el hastío. Respira y ajusta tu latido. Déjate llevar por el roce de un suspiro. Mira, observa cómo se eriza un pensamiento en el camino. Siente la diferencia del que puede escuchar por encima del oído. Siente la paz que proporciona un cuerpo rendido. Siente la compañía de la soledad que acuña tu debilidad y abraza tu ego desprotegido. Siente, vive porque también en un mal dia Dios te ha bendecido. Sonríe con los ojos si puedes, date un respiro. Sigue reposando hasta que el espíritu te lleve tan lejos que oigas el roce de sus alas y te conviertas en estela y rocío.
Claudia Ballester Grifo
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