Reflexión.
El dinero empobrece. Nunca se tiene suficiente. El enojo se cronifica y encona la dulzura.
La miseria no se comparte, se combate y los favorecidos reparten.
No podemos lamentar ser como somos, podemos mejorarlo o aceptarnos, pero lamentarnos repetitivamente sólo nos lleva al sinsentido. No repitas lo que no te funciona.
No se puede focalizar todos los males de la sociedad y, nunca sin vislumbrar las muchísimas bondades de un nuevo día.
Se puede ser bueno e íntegro y no perecer en el intento. El optimismo es la llave para enfrentarnos a los demonios del infierno. La esperanza, el corazón del niño que sabe oír sin prejuicios.
Si queremos hacer algo, empecemos.
Claudia Ballester Grifo
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