La generación del silencio.
No podemos hablar con los hijos porque están demasiado ocupados para escucharnos. Intentas en enviarles whatssaps y no los leen porque no les interesa lo que digas. No sienten ni la curiosidad. Lo que viene de los padres es de carcas y están hambrientos de lo que los youtubers les comuniquen, les dirijan y les adoctrinen. Entran en la edad de los amigos y te miran sin verte. Un asentimiento cuando te aseguras de que viven y un berrido si insistes en que no han muerto. Hay que negociarlo todo y te arrinconan cuando vienen con un amigo y vislumbras a cuatro. Se te queda el comedor pequeño y acabas donde puedes y de lado.
Hemos pasado de ser hijos sabiendo lo que mandan los padres a padres que empezamos a notar el emponderamiento del hijo. Las leyes están muy laxas y cobra mayor importancia las necesidades de ocio del hijo. Fiestuqui por la noche y barra libre que paga papaito. Y, es un derecho del hijo si papaito hace jornada doble y el sueldo da para whisky. Cuidado con los traumas del orden y del límite que hay funcionarios que se dedica a conceder via libre. Que en las libertades está asfixiar a los padres y dar alas a las adolescencias tardías que siendo mantenidos quieren mandar y solapar la educación paterna. Que parece que nacen ya para andar en mono patín, escribir en ordenador y comunicarse por iPhone. Que con los padres no pueden hablar, que el humo de las cavernas no les alcance. Qué pena de hijos que no son nuestros, ni se pertenecen a si mismos, se los lleva la ideologia, se les clona, idiotiza y la responsabilidad no tiene destinatario ni camino. Se les hace creer y el credo de los padres importa un pepino.
Claudia Ballester Grifo
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