LIMPIANDO.
Hay que caer para volver a levantarse. Dejarse arrastrar entre el sofá y la silla, tal vez la cama en los casos apurados. Derrumbarse totalmente porque aunque llevemos el liderazgo somos humanos y queremos y necesitamos comprensión si no puede ser relevo. Caes, levitas en tierra de nadie y la gravedad se reduce a la nada porque te sientes ingrávida. Acuden en tu ayuda manos solidarias. Entre algodones mantienen tu cuerpo y manos sensibles masajean tus dolores.
Caos. Se contiene el aliento. La manada desconcertada agudiza sus sentidos. Hay Dios en el cielo porque de pronto todo cobra sentido y el que quería morir vive y muere el que daba aliento. Al final el pulso del destino en somero equilibrio pone a cada pieza del ajedrez en su sitio. Tal vez fue la muralla o lo consiguió la reina. El alfil es humilde y el caballo ni se nota, pero todos en conjunto sirvieron la sopa que pudo dar calor a mentes descompuestas. A ver, dijo alguien, se apagó la luz y empezó la siesta.
Claudia Ballester Grifo
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