lunes, 3 de julio de 2023

LINUO Y MINGXIA

 En la mitología griega Asia (Ασια) era una oceánide, hija de Océano y Tetis, y la diosa epónima del continente de Asia. Asia se casó con el titán Japeto, hijo de Urano y de Gea, con quien engendró a Atlante, Prometeo (el que robó el fuego a los dioses para darle inteligencia a los humanos), Epimeteo y Menecio.[1] En el texto hesiódico la esposa de Jápeto es otra oceánide, Clímene.[2] El primer autor que hace referencia a Asia fue Andrón de Halicarnaso, que la imaginó también como hija de Océano, pero en cambio dice que su madre fue una tal Parténope, de la que nada más se sabe, y añade que su hermana fue Libia.[3] [4] 


En la mitología griega, Prometeo (en griego antiguo Προμηθεύς, 'previsión', 'prospección') es el titán amigo de los mortales, conocido principalmente por desafiar a los dioses robándoles el fuego a ellos en el tallo de una cañaheja, darlo a los hombres para su uso y posteriormente ser castigado por Zeus por este motivo ...


AUTOR: CLAUDIA BALLESTER GRIFO 

PAÍS: ESPAÑA 

TÍTULO: LINUO Y MINGXIA 


Linuo y Mingxia eran hermanas y vivían en una casa acomodada de Guandong en constante contacto con la naturaleza   

con sus parques verdes y sus grandes extensiones de agua. Estaban jugando debajo de los frondosos árboles que tanta protección les ofrecían del sol y ya habían navegado con una de las barcas que reposaban en la orilla de uso público por un tramo del río de las Perlas. 

De pronto estalló una temible tormenta y se pusieron a cobijo en uno de los muchos merenderos que poblaban el parque. Un enorme tifón que se desplazó de las agua en su trayecto arrolló a las niñas y las elevó llevándoselas con él. Nadie pudo hacer nada por ayudarlas. 


Gea conocía a esas niñas porque eran hijas de Prometeo, sus nietas.   Prometeo era un titán que protegía a los humanos y les concedió el don del fuego quitándoselo a los dioses por lo que fue castigado a vagabundear por la tierra. Sus padres, Gea e indirectamente, Urano le habían ayudado a prosperar entre los mortales. 

Ahora, Gea debía rescatar a las niñas por lo que pidió ayuda a su nuera Asía y a su hijo, Japeto. 

Japeto cogió uno de sus caballos alados y vestido con su armadura revestida de un fuerte material de las entrañas del universo logró penetrar en el embudo de vientos y rescatar a las niñas desmayadas para ponerlas en brazos de su abuela. 


Despertaron ya en su cama de blanco edredón acolchado de plumón. Su madre las miraba con su profundo iris esmeralda donde ellas se reflejaban sabiéndose distintas porque en Guandong las miradas tenían el color del café u el aroma de las especias. 

Sonrieron y se abrazaron. 


Claudia Ballester Grifo 

Embajador Portavoz 

Generación Parnaso del siglo XXI


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