viernes, 31 de mayo de 2019

Y la venda ya cayó. Los mayores mueren famélicos en residencias de Madrid. Entra la comida congelada a la hora de cocinarla. Mayores de 82 años que tienen su segundo hogar en la residencia tiene que sufrir unos engaños desastrosos. La dieta mediterránea murió en detrimento de alimentación barata. Leche y galletas para desayuno y merienda sin variedad ninguna. Pescado de baja calidad y legumbres duras. Cuando el anciano no se lo puede comer se queda sin nada hasta la merienda. Las dietas especiales no existen. Los engañan con el turmis y con la pasta,adivina que es. La dieta de todos, pero triturada. Los huéspedes se quejan a la familia que desesperados ven como los echan a la hora de comer para no ser testigos de lo que ocurre.
En Málaga, su ayuntamiento concede menú diario para la gente mayor dependiente que cobra poco. 80 usuarios a los que reparte una empresa contratada por el ayuntamiento. Muchas quejas de la mala comida, pero la gente sin recursos tiene que cerrar los ojos y apretar el estómago. Las auxiliares de recursos sociales acuden a las casas de los dependientes según la necesidad de horarios. Ven y hablan. La comida es un servicio del ayuntamiento que anulan muchos interesados por incomible. Macarrones hervidos con sus lomos blancos batiéndose en armas de rigurosa escasez de cantidad y alegría de condimento. Nadie controla lo que comen los ancianos. Ellos languidecen bajo las protestas mudas y sordas para los responsables. No se tienen en cuenta las necesidades de cada anciano. La comida no entra por los ojos, sabor cero y textura inespecífica. Los quilos se escapan, la faz se macilenta y la desnutrición y la deshidratación aboca a la persona a la más cruel decrepitud. Qué estamos haciendo mal? Son nuestros mayores. Están en buenas manos? Las lágrimas saltan en suicidio. Se desborda la emoción más profunda ante el hambre, la mentira, la desvergüenza y el maltrato a las canas  y la experiencia. Cuando llega la madurez al saber. Cuando más vulnerables se vuelven padres y abuelos, los recursos sociales les estafan. Es justo?

Claudia Ballester Grifo

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