La vida está llena de gente linda. No siempre se la reconoce porque no sigue una tipologia al uso. Los ojos que saben verlas disponen de una pupila áurea. Andas por la calle, viajas en autobús, compras en el mercado y las adviertes sin hablar. Almas buenas envueltas en mantos que pasan desapercibidos. Antigua niñez acosada y apartada. Adolescentes atípicos porque no bailan con la media. Corazones nobles de cuna y de barrio. Curtidos por la soledad y la incomprensión. Manos blancas que tienden su aliento aunque el cuchillo de la frustración sangre su cuerpo. Adultos, si llegan, capaces de dar luz al desconcierto. Si les ves les reconocerás. Huelen dulce y fresco y, si te fijas, se deslizan más que andan. Si logras detectarlos sin hablar, tal vez, tú seas uno de ellos.
Claudia Ballester Grifo.
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