martes, 28 de mayo de 2019

A Claudia, mi hija pequeña.

Me hundo en tus ojos y me pierdo en el abismo azabache de tu mirada. Acaricio tu rostro desde la distancia y, mientras duermes, acuno tu inocencia y esa edad tan temprana. Esa edad que empieza a soñar en un mundo sin protección paterna aunque la necesitas más que el agua. La respiración pausada marca el ritmo de un descanso sin espada. No hay pesadillas que marquen tu rictus. Son las hadas las que te acompañan. Es tu piel tersa sin manchas. Las arrugas aparecerán, pero falta  mucha vida para llamarlas. Trece primaveras seguidas de veranos, otoños e inviernos, deshojando las experiencias que marcas.  Lobos, dragones, Harry Potter y Mangas. Compartes conmigo tanta luz que tu brillo me sana. Eres alegría y mi corazón de madre te besa y te abraza. Eres mi pequeña y hoy va para ti esta loa, estas palabras que con mi manto de cariño te arropan, protegen, te aman.
A Claudia, la pequeña de mis ojos.

Claudia Ballester Grifo

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