AUTOR: CLAUDIA BALLESTER GRIFO
PAÍS: ESPAÑA
TÍTULO: AUTOR: CLAUDIA BALLESTER GRIFO
PAÍS: ESPAÑA
TÍTULO: APRENDIENDO A VIVIR
Aquel verano en que juntos toda la piña de amigos nos fuimos de acampada, en La Peñeta Roja (desierto de las Palmas). Nos enseñaron valores, nos dieron herramientas para llevar la diabetes, detalle que nos señalaba, aprendimos a convivir con una enfermedad silente que sin llamar a la puerta se invitaba.
Nos fuimos un autobús entero, despedidas, lloros y palmas, mi espíritu dividido, mis ojos rozando el agua de las nubes más bajas, sonriendo mis padres, una sonrisa floja de frente arrugada.
Nos acomodamos en camas colindantes, tal como llegábamos elegíamos parada, abríamos las maletas y se despanzurraban nuestros sueños y añoranzas.
Al patio de inmediato, pizarra blanca en la grada, atentos los gestos empezaba el organigrama.
El rey de los juegos el deporte, ayudaba a controlar el azúcar que se disparaba, excelente comida en el almuerzo de acalambrada hambre y buenas viandas. Las noches de verbenas y la melodía bebiendo de las ganas, sonrisas adolescentes, niños de todas las partes de España.
Excursiones por la montaña, prohibidos los frutos que el bosque nos tentaba, no computaban sus pasas en el peso del azúcar que nos tocaba , pero nos recompensaban en la playa con bocadillo de sardinas, salchichón o mortadela que me encantaban. Juegos de tres en raya, saltos en la arena y competiciones varias.
Bellas cometas en el cielo con hilos de seda, las confeccionábamos con gusto en el taller de las tardes de duermevela, muñecos con pastelina, artistas de primera.
Los domingos misa misionera, la llenábamos de palmas, canciones pegadizas que llenaban el alma de quimeras, de misticismo joven y entregado, latían los corazones genuinos y las sonrisas iluminaban el cielo de la mañana.
Aprendimos tanto… Vivan los campamentos que enseñan divirtiendo a los niños atendiendo su salud física y emocional, preparándoles para la vida. Teníamos monitores jóvenes y médicos especialistas que nos llevaron de la mano y que desde aquí les agradezco su valor, entusiasmo y entereza.
Soy una de aquellas niñas que aprendió a vivir.
Claudia Ballester Grifo,
Embajador Portavoz
Generación Parnaso del siglo XXI
Aquel verano en que juntos toda la piña de amigos nos fuimos de acampada, en La Peñeta Roja (desierto de las Palmas). Nos enseñaron valores, nos dieron herramientas para llevar la diabetes, detalle que nos señalaba, aprendimos a convivir con una enfermedad silente que sin llamar a la puerta se invitaba.
Nos fuimos un autobús entero, despedidas, lloros y palmas, mi espíritu dividido, mis ojos rozando el agua de las nubes más bajas, sonriendo mis padres, una sonrisa floja de frente arrugada.
Nos acomodamos en camas colindantes, tal como llegábamos elegíamos parada, abríamos las maletas y se despanzurraban nuestros sueños y añoranzas.
Al patio de inmediato, pizarra blanca en la grada, atentos los gestos empezaba el organigrama.
El rey de los juegos el deporte, ayudaba a controlar el azúcar que se disparaba, excelente comida en el almuerzo de acalambrada hambre y buenas viandas. Las noches de verbenas y la melodía bebiendo de las ganas, sonrisas adolescentes, niños de todas las partes de España.
Excursiones por la montaña, prohibidos los frutos que el bosque nos tentaba, no computaban sus pasas en el peso del azúcar que nos tocaba , pero nos recompensaban en la playa con bocadillo de sardinas, salchichón o mortadela que me encantaban. Juegos de tres en raya, saltos en la arena y competiciones varias.
Bellas cometas en el cielo con hilos de seda, las confeccionábamos con gusto en el taller de las tardes de duermevela, muñecos con pastelina, artistas de primera.
Los domingos misa misionera, la llenábamos de palmas, canciones pegadizas que llenaban el alma de quimeras, de misticismo joven y entregado, latían los corazones genuinos y las sonrisas iluminaban el cielo de la mañana.
Aprendimos tanto… Vivan los campamentos que enseñan divirtiendo a los niños atendiendo su salud física y emocional, preparándoles para la vida. Teníamos monitores jóvenes y médicos especialistas que nos llevaron de la mano y que desde aquí les agradezco su valor, entusiasmo y entereza.
Soy una de aquellas niñas que aprendió a vivir.
Claudia Ballester Grifo,
Embajador Portavoz
Generación Parnaso del siglo XXI

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