martes, 31 de octubre de 2023

AFRODITA Y LAS SIRENAS

 AUTORA: CLAUDIA BALLESTER GRIFO 

NACIONALIDAD: ESPAÑOLA 

TÍTULO: AFRODITA Y LAS SIRENAS 


Era de noche y la mar rielaba calma en el regazo de la luna. El horizonte se había dormido con su nube favorita en la mano y el cielo sonreía con sus luceros resplandeciendo el guiño de las estrellas.

El bergantín surcaba las aguas de la odisea poética abastecida su bodega de vientos tintos y ron cubano. La tripulación dormía con la profundidad etílica del final de la fiesta. El aniversario del capitán reunió a la tripulación en un banquete de mantel blanco y viandas exquisitas muy bien preparadas por Simón, el cocinero del barco. 

Los dioses jugaban su partida de ajedrez viendo los acontecimientos que se daban. Desde el Olimpo el mar parecía una piscina y tanto sosiego despertaba la abulia de los inquietos observadores ávidos de aventura. 


Afrodita llamó a las sirenas mirando a Zeus provocadora … 

-No te atreverás- le dijo encantado sabiendo la respuesta. La diosa del amor y la belleza movió su melena provocando el movimiento del mar y levantando las olas. 

La noche rugió desnudando el abrigo de su manto y los vientos arreciaron las velas haciendo chirriar la quilla del barco y crujir su madera. 


Afrodita se llevó un dedo a los labios rozándolo con un beso y lo metió en el agua incitando al canto de las sirenas. La tripulación fue despertando desorientada. El vaivén les dificultaba el poder levantarse y agarrándose como podían acudieron a cubierta para ver lo que acontecía. 

No daban crédito a sus ojos, el mar enfurecido dejaba al descubierto bellos rostros de jóvenes mujeres con largas melenas. Sus ojos variaban de color según el tono de su cabello y las armonías eran de verdad hechizantes. Su canto les enviaba mensajes de amor y seducción y les pedía que fueran con ellas. 

Simón se inclinó sobre una pelirroja de ojos verdes. El coral de sus labios sabía a mar, su aliento afrodisíaco invitaba al deleite y… De pronto el capitán lo agarró rompiendo el hechizo y le hizo ver el rasguño que tenía en el pecho. Si no le llega a apartar le arranca el corazón. 

Advirtió a sus marineros del peligro y les dijo que se pusieran tapones en los oídos y que se escondieran en la bodega del barco. 


El capitán miró al cielo y Afrodita lo miró a él … se conocían. Mejor dejaba ese juego para otra ocasión. 


Claudia Ballester Grifo 

Embajador Portavoz,

Generación Parnaso del siglo XXI


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