DORMIDOS
La noche barre el dia de su luz.
Se instala en la habitación,
amiga del cansado que
busca refugio en la almohada.
Los ojos de su faz
entran en penumbra para
acariciar los rostros
de los durmientes.
El aliento del amado,
cálido, desleído en vaho
sale al encuentro de la
piel abrazada.
Son dos en uno,
hechos un ovillo.
Atenazados bajo
las sábanas,
al reclamo del otro.
en brazos de Morfeo,
desprovistos de acción,
sincronizados en el
ritmo de las entrañas.
Latidos que se acompasan,
mi mano sobre tu espalda,
mi te quiero que te envuelve
y te besa en el rojo sonrosado
de tu boca callada.
Dormidos, pero alerta
porque el amor no duerme,
descansa vigilante
al reclamo de la compaña.
Los sueños se anudan
y se encuentran en
ese lugar que convoca
el amor a los enamorados.
Y es que hasta durmiendo
mi mano te busca,
mi boca te alcanza.
Las palabras salen solas,
almíbaradas y deslizándose
en alfombra roja,
llegan hasta ti
y te hallan.
Claudia Ballester Grifo
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