Querida, vida:
Te escribo en este 22 de octubre de
un día tan loco como otros tantos,
así es mi vida desde que recuerdo,
siempre buscando y persiguiendo algo nuevo,
tú ya sabes, naciste conmigo, contigo respiré
el primer aire y vieron borrosos mis ojos.
Poco a poco la nitidez ayudó a mi mácula, di rostro
a la voz de mis “te quiero”, vi el azul de la alegría,
el amarillo cálido y del sueño su vuelo.
¡Ay esos logros que no buscamos!,
vienen solos por el camino cuando nosotros
recolectamos setas en un otoño lluvioso, lejos
de la dicha que da el aplauso de algo que es natural
como respirar o despertar cada mañana sin gallo ni requerimiento.
Yo quiero escribir, ¡tú lo sabes!, me has visto hacerlo,
¡déjenme escribir!,
yo quiero morir con la pluma en la mano
y soñando en cada verso.
A ti te debo muchas cosas, mi aliento,
mis batallas y mis aciertos,
superar cada obstáculo, disfrutar de ese momento
en que la muerte acarició mi miedo, tantas veces
me conquistó, tantas veces tú, mi vida, saliste a
mi encuentro.
En este día sigo peleando por tu compañía,
eres mi pasión, mi viento
cuando mueves las ramas y me traes el
dorado de las hojas, el crujido de su cuerpo.
Me meces en tus alas, conocí el amor en todos
sus aspectos, ¡te debo tanto! que volvería a nacer;
te buscaría, vida, porque tú eres la dama de
mi mayor deseo.
Claudia Ballester Grifo
Poeta generacional
Embajador Portavoz Honorífico
Generación del 23 Parnaso siglo XXI

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