domingo, 29 de agosto de 2021

UN RESBALÓN

I CONCURSO INTERNACIONAL DE NARRATIVA  JULIO RAMÓN RIBEYRO. 

"EL CUENTO DE MI PUEBLO"


Autor: CLAUDIA BALLESTER GRIFO 

País: ESPAÑA

Título: 


     UN RESBALÓN 


Llovía a cántaros. El cielo había hecho un nudo de su pañuelo, ensuciando de gris ceniza la mancha de su cara; rugía el sello de un atronador trueno desfalleciendo la estampa del tiempo. 

Los enanitos blancos de capullos apretados miraban impertérritos el caudal voluptuoso que bañaba sus bajos. Las tejas encarnadas de sus sombreros abrían sus canales para beber del cielo, regurgitando los excesos que anegaban el césped. 

Justo enfrente, el coloso, una torre de terrazas mirando al mar con vientos marineros. 

Llovía, sí... Llovía a mares cuando en este pueblo del Levante español callaron los pájaros en un día de agosto. En pleno calor estival un aguacero de los que enfrían los corazones y dan por terminado el veraneo. 

Se escuchó el ronroneo de un motor acercándose a la rampa del parking. Un día de sudor frío resbalando por los huesos ya cansados de tanta humedad. Y de pronto un golpe... Silencio... Los gritos de una mujer desde el sexto. Revuelo de vecinos. El del cuarto izquierda, los chilenos del segundo, el vasco del séptimo... Confusión. 

Desde mi posición les decía que no lo tocaran. Divisaba a un hombre caído en el fondo de la rampa. La cabeza en una posición extraña contra la deslucida e impersonal pared  y la boca del garage cerrada como una tumba. 

Los sanitarios del ambulatorio de al lado corrieron a atender al accidentado acompañados por el urular de la ambulancia que comía asfalto con la gula de la prisa. 

Bajó la señora del sexto, su desconsolada mujer sin poder articular palabra ninguna. Su marido, inconsciente. 

Llovía sin piedad sobre un lecho resbaloso en este fatídico día que a un hombre, veterano de la vida le falló el mando a distancia y tuvo que bajar por la rampa para abrir manualmente la puerta. 

Los profesionales lo recogieron con las medidas que el protocolo requiere para un problema espinal y todos pudieron sentir en los gestos la gravedad de la situación. 

El vehículo sanitario encendió sus luces en el oscuro día rumbo del Hospital General. La vida de una pareja quedó a la carta del destino que jugaba su última baza. 

En un pueblo verde de montaña y mar, en el cielo enfadado de Benicàssim cuando chocan sus cargadas nubes contra las lomas rasantes besando el azul, justo en el marco bucólico del ensueño un hombre perdió la vida de forma arbitraria y muy casual. 

Tal vez hubiera sido mejor dejar el coche en la calle, desfilando como un peregrino más. 

Tal vez si se tuviera las mismas vidas que los gatos, se pudiera rectificar. 

No hay excusa para la muerte cuando viste de largo y con su apariencia más amable tiende la mano. 

Ella le sonrió al oído y arrulló su último aliento, insuflando con sus bien delineados labios una rosa abriéndose en el pecho del anciano. 

Ella le sedujo con su hechicera mirada de lagunas desiertas y brumas de esperanza. Él le dio la mano y sin decirle nada la amó de inmediato. 

En los faros del mundo hay una nueva luz que vigila los caminos de la oscuridad. La muerte abraza a uno para dejar vivir a muchos más. 

Los pueblos se levantan todos los días con un bello amanecer y después de la tormenta el espejo del día tiene un mirar más bello. El aliento que azota los vientos vuelve a marcar los ritmos. El corazón se recupera y el diapasón de sus latidos vuelve a funcionar. 


Claudia Ballester Grifo


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