ERUPCIÓN ESTROMBOLIANA
Sangra la mirada el cielo
que es mucho lo que se exhala en ese vómito desgarrador de la tierra en su tormento;
se conmueven sus raíces,
barruntan sus cimientos desde la ternura de su centro,
puro magma de colada besando la falda del suelo.
Descubrió su sombrero el volcán de Cumbre Vieja,
perplejos sus palmeños del temblor de su tierra,
mensajes continuados en una carta impersonal y fría
de miedo sudando la camiseta de su locura,
no podía ser... no sucedería.
Explosión estromboliana,
chimenea de salida de la pasión de un corazón herido que suelta su proclama,
dos lenguas avanzando con calma,
inexorable, latentes...
Quemando el alma.
Llora la ceniza el picor de úlceras lavadas,
fatiga de oxígeno combustiendo la tela del alma,
grito callado sin creer el lienzo que abarca la mirada,
muro infernal de un avance desgarrador de muelas planas.
Y el amor abraza las manos blancas,
la ayuda de los que conservan algo ofreciendo sus casas,
que se enletece su camino de bañarse en agua salada,
tal vez no llegue... tal vez duerma y la pesadilla despierte de su noche cerrada,
brillen sus casas,
sus casas blancas, en un marco verde de hojas apretadas.
Claudia Ballester Grifo

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